Una operación · el mismo instrumento · lo que encontramos
El diagnóstico que le vendemos a un cliente, corrido sobre nuestra propia operación. Nueve tareas sostenían el sistema de agentes, con su frecuencia declarada por quien las hacía. Ninguna de las nueve pedía criterio en ningún momento.
Tiempos y frecuencias: declarados el 26 de julio de 2026, de memoria y sin cronómetro, en el mismo instrumento que se le abre a un cliente. El manual de la casa registra que el tiempo autorreportado subestima entre 30 y 50%, así que este total es un piso conservador. Fuera de la cuenta quedan firmar decisiones (1.0 h — pide criterio) y guardar lo aprendido, declarado en cero porque no se hacía.
Las nueve tareas tienen hoy un agente ejecutándolas: 104 acciones registradas por día con fecha, hora y el proceso que las produjo. Doce centinelas vigilan donde antes había catorce revisiones a mano, y solo 54 decisiones por semana llegan a una persona. Toda la casa corre por unos dólares diarios en cómputo.
«Bajó de 15.8 a X» no se escribe hasta que se mida. El sistema sabe qué agente ejecuta cada tarea y cuántas veces corre; no sabe cuántas horas humanas quedan encima. Esa columna sigue en blanco a propósito — la regla de la casa es que un número sin medir no sale de acá, empezando por los nuestros.
Esto es el resumen. El expediente completo trae la descomposición tarea por tarea, quién ejecuta cada una hoy con su evidencia, la salida recomendada y los límites de lo que el diagnóstico no sabe.